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Cómo arreglar los desperfectos del hogar sin esfuerzo

Toda casa, a pesar de lo cara, lo bonita o lo moderna que sea está expuesta a una serie de problemas que no pueden ser evitados por nadie. El paso del tiempo deteriora cualquier materia y en el lapso de unos años encontramos madera carcomida, metales oxidados, suelos rayados o incluso techos y paredes con pintura descolorida o desconchada. El tiempo pasa inexorablemente y nuestro hogar lo nota día a día con nuestra convivencia diaria. Muchas veces no lo detectamos pero acciones muy comunes como caminar con los zapatos de la calle, sentarnos con los pantalones sucios en los cojines de nuestro sofá, rozar con las llaves los marcos de la puerta o fumar pueden crear desperfectos en zonas que apenas miramos y que con el paso del tiempo se afean o incluso pueden ser un peligro como las paredes de celosía o los cerrojos oxidados que dejan de ser útiles porque se vuelven fácilmente rompibles por cualquier golpe que le demos.
Otra manera de afrontar el problema de manera directa y un poco más moderna que la anterior es hacer un metraje fotográfico que deje constancia de cómo es todo e nuestra casa cada día que pasa. Explicándolo mejor, crear una especie de time lapse que nos haga figurarnos de qué manera y en cuanto tiempo vamos degradando nuestro hogar. La idea es que con una cámara de fotos, cada día, hagamos una foto a las zonas clave que se deterioran en nuestro hogar: marcos, sillones, tapices, alfombras, paredes… en general no serían más de diez o doce fotografías. Unos cinco minuto en total, porque no es necesario que se vean de manera excepcional. Cada mañana con luz natural hacemos estas fotos y las reservamos y al paso de un año, dos o los que se quiera, analizamos la primera y la última foto que hayamos hecho de esas zonas. De esta manera se revelará el daño que hemos ocasionado en la casa y, en primer lugar, podremos arreglarlo para que, en segundo lugar, podamos adaptar nuestra vida a una serie de normas no muy estrictas para evitar que suceda así el año siguiente o el tiempo que haya pasado
Son detalles minúsculos que ayudan a hacer nuestra vida más fácil en el tiempo.
Hay muchas formas de evitar esto o de reparar en los daños que vamos haciendo día a día. Uno de ellos es acatar una serie de normas que nos hagan reducir el número de daños, por ejemplo: descalzarnos nada más llegar a nuestra casa para evitar ensuciar más de lo debido, cerrar las puertas de la cocina al estar haciendo alguna comida al fuego para no llenar la casa de humos y olores que se almacenan sin darnos cuenta, forrar nuestras llaves con silicona para que de esta forma no hagan daño a las superficies donde choquen o acostumbrarnos a cerrar las puertas con el pomo siempre girado.
En principio parecen hechos muy pequeños y poco dañinos, pero a la larga crean una serie de desperfectos que son muy visibles al ojo humano. Otra manera de afrontar el problema de manera directa y un poco más moderna que la anterior es hacer un metraje fotográfico que deje constancia de cómo es todo e nuestra casa cada día que pasa. Explicándolo mejor, crear una especie de time lapse que nos haga figurarnos de qué manera y en cuanto tiempo vamos degradando nuestro hogar. La idea es que con una cámara de fotos, cada día, hagamos una foto a las zonas clave que se deterioran en nuestro hogar: marcos, sillones, tapices, alfombras, paredes… en general no serían más de diez o doce fotografías. Unos cinco minuto en total, porque no es necesario que se vean de manera excepcional. Cada mañana con luz natural hacemos estas fotos y las reservamos y al paso de un año, dos o los que se quiera, analizamos la primera y la última foto que hayamos hecho de esas zonas. De esta manera se revelará el daño que hemos ocasionado en la casa y, en primer lugar, podremos arreglarlo para que, en segundo lugar, podamos adaptar nuestra vida a una serie de normas no muy estrictas para evitar que suceda así el año siguiente o el tiempo que haya pasado.
Todos estos problemas podrían solucionarse si las empresas pensaran un poco más en los infantes a la hora de crear sus productos, pero el último eslabón de la cadena para prevenirlos siempre seremos nosotros mismos, que tenemos la capacidad que no tienen los niños de saber reconocer los peligros que le rodean y que parecen inofensivos.

 

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